Un buen chocolate

El proceso se inicia con la selección del grano, desechando todo cuerpo extraño y grano defectuoso. Posteriormente es tostado, descascarado y molido, convirtiéndose en pasta de cacao. A esta pasta se le añade manteca de cacao, azúcar y, en algunos casos, leche. En sucesivos y prolongados procesos se logra un cuidadoso desarrollo del sabor del cacao, una mezcla homogénea muy fina y con un marcado sabor característico.

El buen chocolate se reconoce por las siguientes cualidades:

  • Al partirlo, el corte debe ser limpio y producir un sonido seco.
  • Debe fundirse fácilmente en el paladar e inundar la boca de manera agradable con una masa cremosa de textura muy fina que libere todos sus aromas.
  • El buen chocolate debe dejar en la boca una sensación gustativa prolongada en el tiempo
  • Debe poseer un marcado sabor y aroma característico.
  • Su aspecto debe ser apetitoso y que deseemos probarlo.
  • El color del chocolate debe ser intenso.
  • No debe dejar una sensación arenosa entre el paladar y la lengua.
  • Tampoco debe dejar sensación de grasa adherida al paladar.

El buen chocolate no tiene grasas sustitutas de la manteca de cacao.